Tengo 8 años y mi hermano 10 y hace tiempo que me di cuenta que guarda un secreto a escondida de mis padres y mío.
A los ojos de todos yo soy considerado una “nenaza” porque lloro cuando nos peleamos y suelo abrazar mucho a mis padres y a mi abuelos con la mera intención de dar y recibir amor. Yo soy de los que se sonrojan en clase cuando el maestro me regaña, el que no puede contener las lágrimas ni un nudo en la garganta si me emociono viendo Dumbo y el que se esconde bajo las mantas de la cama si los monstruos nocturnos me acosan.
En cambio mi hermano es el hombrecito tipo héroe impenetrable y fuerte que nunca llora; esquiva los cariños de mis padres porque dice que eso no es de hombres, y por sí mismo se considera autosuficiente. Suele ser el fuerte en la clase y en el recreo, se ríe de mis lágrimas peliculeras y que yo sepa, siempre duerme de un tirón.
Sin embargo tiene un secreto que guarda en el altillo del armario en una gran caja y cerrada bajo llave y candado. A veces, y si entro de repente en la habitación, veo como el la cierra rápidamente y echa la llave, se pone nervioso y me amenaza con romper mi colección de animales salvajes si digo algo a alguien.
La curiosidad me puede y a veces he tomado la escalera y he llegado a la caja deseando ver su interior pero nunca puedo abrirla. Pesa, y si la muevo, algo se mueve dentro, como si tuviera muchas cosas.
Hace como un mes volví con mamá a casa antes de lo previsto después de una visita al odontólogo y entré en nuestra habitación. Mi llegada nos pilló por sorpresa a él y a mí y nos quedamos paralizados ante lo que nuestros respectivos ojos veían: El a mí y yo a él. Mi hermano estaba sentado en el suelo ante la caja abierta, que ya estaba vacía. Había sacado todo su contenido y lo tenía esparcido por el piso ordenadamente.
Había a escala, una cocina, baño, dormitorio, sala de estar y jardín con piscina.
Cada sala tenía su correspondiente mobiliario y en ellas sus habitantes: Barbies y Bratzs.
El me miró aterrorizado. Yo lo miré sorprendido y asustado.
Ese era su secreto: mi hermano jugaba con muñecas.
Como sólo tengo 8 años no tengo capacidad para pararme a pensar que mi hermano en un futuro podría estar dentro del armario, ni que sentirían mis padres si descubrieran su secreto, ni lo que pensarían mis abuelos y tíos, ni lo que diría el vecindario. Y menos aún que pasaría con su vida interior, si sería capaz de afrontarlo y tirar adelante o se mantendría a escondidas como ahora. No, nada de eso podía pasar por mi cabecita infantil e inocente.
Lo único que dije fue: “me gustan más mis animales que tus muñecas”.
Me ha convencido para que sea su cómplice. Ahora, cuando nuestra madre se va después de darnos el beso de buenas noches, nos ponemos en acción. El me deja jugar con su video-consola para que mantenga la boca cerrada y se pone a jugar con sus muñecas. A veces lo observo con más curiosidad que asombro (ya conozco sus nombres: Rosmery, Annabel, Madonna, Elizabth…) y veo como él las cuida, les cambia el vestuario, les hace la manicura, rizos en el pelo y peinados atrevidos, siempre bien conjuntadas con zapatos y bolsos…. pero más que nada veo su cara que destila satisfacción y felicidad y la forma en las que les habla. Por algún tipo de magia su voz cambia, se vuelve más dulce y fina (algunas ocasiones piense que se asemeja a cuando mi mamá habla con sus amigas) y les cuenta el modelito que ha visto en tal o cual tienda, o que se encontró a fulanita en el hipermercado, o que a la hora que era aún no sabía que iba a cocinar de almuerzo.
Yo prefiero mis animales, mi robot, mi coche teledirigido y mis Power Rangers.
Tengo dinero ahorrado para comprarme el Kit de Dibujos Superhéroes, pero lo he pensado mejor y le voy a comprar a él la Bratz Super Babyz , que según dice es el último lanzamiento y no la tiene.
Por supuesto sin que se enteren mis padres, que para eso estamos los hermanos.
(Estoy totalmente a favor de la condición sexual, la respeto y la apoyo.
Este relato no trata de ser un juicio negativo hacia tantas personas que sienten así, sino a la actitud irresponsable de algunos padres que tratan por todos los medios no darse por enterados de lo que sucede a sus hijos en estos casos, dándoles en este sentido la espalda por así decirlo, sin ser conscientes del daño tanto moral como personal que les hacen con su “no querer ver”.
Es primordial en esta etapa dar al niño todo su apoyo, hacerle ver que no es caso aparte y que están a su lado. De esta forma lo tendrá más fácil y estará más seguro para aceptar y afrontar su condición sexual. No se sentirá discriminado y tendrá más solidez para en función a como su identidad se vaya desarrollando, hacer frente a cualquier contratiempo con la sociedad.)












