Está claro que lo único que hace falta es morirse para que a uno, o lo suban a los altares, o lo bajen directamente a las más fétidas y fangosas cavernas.
Hoy, repasando la prensa, encontré en un periódico de tirana nacional, una especie de artículo-entrevista sobre la recientemente fallecida Duquesa de Medina Sidonia, conocida popularmente como “La Duquesa Roja”, dada su trayectoria a lo largo de su vida, dónde, en lugar de homenajearla pos-mortem como corresponde al personaje que fue, se sacaba y ondeaba a los cuatro vientos su faceta más ruín y nefasta, de ser cierto que la tenía.
Siempre he sido fiel admirador de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, nombre real de la susodicha, heredera del ducado de Medina Sidonia en 1956.
Y he sido y sigo siendo admirador de ella porque a pesar de pertenecer a la nobleza, siempre ha destacado por sus ideales, bien comunistas o bien socialistas, aún en la época de la represión franquista, en la que dicho sea de paso, estuvo presa durante ocho meses por presidir una manifestación de protesta en “el caso de Palomares”, cuando varías bombas radiactivas cayeron por fallo militar en el pueblo de dicho nombre, en la provincia de Almería.
Nada más salir tuvo que exiliarse por sus libros y sus actividades clandestinas contra la dictadura de Franco. Se exilió en Francia y no regresó hasta la muerte del dictador.
La duquesa de Medina Sidonia, entre otras muchas cosas actuaba siempre en defensa de los más débiles. Formó en Sanlúcar la primera Cofradía de Pescadores para combatir los derechos de los que carecían. En su propio palacio se fundo Comisiones Obreras del Campo.
Pero la Duquesa era también admirada por mí por otros motivos: su cultura.
Era una inigualable historiadora e intelectual, una mujer infatigable con un carácter cargado de dinamita, austera, radical en su manera de cultivar la libertad, heterodoxa siempre, y que se encargó, desde el momento de convertirse en 1956 en duquesa de Medina-Sidonia, de conservar, proteger y difundir el inmenso legado de su familia, un patrimonio histórico de seis millones de documentos y 800 años de antigüedad. Lo consiguió a través de La Fundación, una fundación que creó para evitar que se dispersara la riqueza que habían forjado sus antepasados y que ese patrimonio formara, así, parte de la sociedad en que surgió.
Todos los papeles del archivo estaban entonces, en 1956, en un guardamuebles de Madrid y el caserón de Sanlúcar estaba medio abandonado. Fue ella la que organizó los documentos del archivo y los catalogó, tarea de la que dan cuenta los 20 tomos que hay de inventario. Y fue la que inició en esos días el proceso de restauración del palacio que se ha podido terminar hace unos años y que cuenta en su haber con El palacio, las obras de arte que contiene y su inmenso archivo, que conserva. como apunté antes, más de seis millones de documentos, el primero de los cuales se remonta a 1228. Un trozo de la historia de este país, desde el que pueden reconstruirse las mentalidades de las distintas épocas y establecer cómo fue cambiando la vida cotidiana en un trozo de Andalucía a lo largo de los siglos.
La Duquesa se casó y tenía tres hijos, los cuales luchan ahora por conseguir todo el legado tanto cultura como material de su madre, aún después de haberse desentendido de ella desde hace muchos años.
Ahora, ya muerta, en lugar de reconocérsele sus virtudes y cualidades, se saca a la luz y de manera vejatoria que la Duquesa era Lesbiana, que abandonó a sus tres hijos (cuando parece que fue al revés, por motivos de bienes), y se la juzga por haber dejado toda su herencia a su secretaria, con la que se casó dos horas antes de morir y con la que compartía su vida desde hacía más de 20 años.
Hoy la Duquesa, lamentablemente, aparece en la prensa escrita y virtual, en los noticiarios y en los programas televisivos, solamente por esto último, que lo demás, parece que ya no cuenta y vale nada.
Considero de ínfimo interés sacar a la luz la vida personal e íntima de la Duquesa, tanto si fue lesbiana como heterosexual, de si desheredó a los hijos por abusivos o de si se teñía el pelo de tal o cual color.
Lo que de verdad me importa es la obra que realizó en vida y que nos ha dejado, su valentía y su arrojo para apoyar a los débiles, y sobre todo, por su saber compartir toda la cultura que había en sus manos.
Yo la sigo admirando.













22.03.08 @ 15:25